Estudiantes se fue de la Copa con escándalo
Viernes, 21 de Mayo de 2010 11:01
Nacionales - Deportes
Derrotó 2-1 al Inter, pero no le alcanzó. Sobre la hora, el equipo brasileño marcó el gol de visitante, que le dio el pase a semifinales. Apenas terminado el partido se desató una batahola entre varios jugadores.
La escena violenta, el desenlace, poco tiene que ver con el juego, con eso que llevó a este Estudiantes a pelear por la Copa Libertadores y el torneo local hasta el final. Esta eliminación, con escándalo, opaca la imagen de un equipo que supo lucir hasta donde le dio la nafta, hasta esos minutos finales del partido que trajeron, inevitable, el gol del Inter, el de la eliminación. Leandro Desábato encaró a Roberto Abbondanzieri, le tiró un cabezazo, Lauro, el arquero suplente, se metió a golpear a cuanto pasara cerca, los jugadores empezaron a correr y fue todos contra todos. La imagen, pobre, duró unos pocos minutos, pero manchó la noche, al margen del golpe por este 2 a 1 con sabor a derrota para el campeón.
Hizo casi todo bien Estudiantes. Al menos, hasta que las piernas respondieron. Esa función de Verón, en buena parte del encuentro, bien puede anunciar al volante que -al menos desde las intenciones- tendrá el seleccionado argentino en Sudáfrica. Ordenador del juego, punzante en cada pase, pensante en la decisión del último toque y sacrificio para poner energía a todas y cada una de las pelotas a disputar. Con esa bandera como estandarte, a Estudiantes se le simplificó una ecuación que, de entrada, asomó como algo más complicado. En la jerarquía, es ese balón cruzado de mitad de cancha para que Leandro González ingresara por detrás de la defensa y anotara el primer gol -siempre el más difícil de la serie- quedó en exposición la capacidad de este calvo de piernas largas que juega muy bien con la cabeza.
De esa emoción, luego torbellino por encanto natural entre el público y los jugadores, nacieron esos tres minutos donde el equipo de Alejandro Sabella se volvió a poner la ropa de candidato. Enzo Pérez tomó la pelota por la derecha, miró el arco y la clavó en el ángulo desde el vértice del área. Un golazo, tremendo, para enmarcar por siempre, al margen de la protesta de los futbolistas del Inter porque, en el momento del remate, había dos balones en el campo de juego (aunque de ningún modo confundieron la escena de la jugada). Con eso, con el sacudón de calidad técnica y prestigio, Estudiantes sacó la diferencia necesaria para acceder a la semifinal. Para soñar otra vez con un título internacional.
El desarrollo, que antes y después de los goles fue bastante similar, el conjunto brasileño encontró pocos caminos para llegar hasta Agustín Orion. Porque Andrés D'Alessandro nunca dio con un socio de ataque, porque apenas alguna intención individual de Alecsandro -un remate que Orion tapó en dos tiempos- y aventuras que no llegaron a generar peligro en acción elaborada, pero sí en un tiro libre de Andrezinho que atajó el arquero. Era escasa la oferta de Inter, pero sí una señal de alarma que Estudiantes entendió desde el comienzo del segundo tiempo, cuando Marcos Angeleri reemplazó a Leandro González para jugar con cinco defensores.
Los argumentos para entender las modificaciones de esquema y propuesta en este equipo nacen, inevitablemente, del cansancio por esa apuesta a la doble competencia. Esos 29 partidos en 111 días, demasiado para el aguante al que se aferró en casi todo el segundo tiempo. Se metió atrás, para acertar en una contra y liquidar la serie, pero no fue agresivo en ataque -apenas un tiro de José Sosa que pasó cerca- y el conjunto brasileño, que esperó el momento, se decidió a ir cuando vio que el local empezaba a quedarse sin aire, sin tenencia de la pelota, sin nada. De todos modos, en la generación de juego nadie era capaz de imaginar un gol. Incluso, los hinchas habían largado los festejos a puro humo, a bengala abierta detrás de Orion. El arco se veía nublado cuando Giuliano le pegó cruzado y el balón tocó la red. Y el silencio.
El cero en ofensiva que se sacó en Porto Alegre le pasó factura. La eliminación trajo dolor. Y bronca. Y golpes. Y escándalo al final.





